Aceptar para soltar y sanar

9 - junio - 2020

Ella sabe que es ella aunque nunca se la haya nombrado. Ella sabe que tiene a miles a su lado pidiendo justicia, gritando lo que ella no puede gritar. No le da más el cuerpo, ni el alma, ni el corazón ni la cabeza para seguir con esto que lleva 8 años perturbando cada uno de sus sueños.


Después de 7 años se animó a contar lo que pasó aquella noche de primavera en redes sociales, porque es ahí donde se sintió más contenida, más comprendida.
En 2019, año en que pudo hablar –porque una habla cuando puede, no cuando quiere o cuando quieren o pretenden los demás- recibió el apoyo de miles. Una ciudad dejó de “cuchichear” para gritar con nombre y apellido uno a uno a los seis que habían participado de aquel abuso.
Desde entonces, lejos de calmar el dolor, fue en aumento. Ella no se animó a denunciar ante la Justicia, y nosotras, las que levantamos la bandera del feminismo, la de #NiUnaMenos #NoEsNo y tantas más, encendimos otra vez la llama. El repudio en las redes fue tal que algunos medios picaron en punta y lo hicieron aún más público. La Fiscalía actuó de oficio –hasta ahí todo bien- pero no pudo, no supo, no consiguió, no quiso tal vez, ir por todo, por una condena ejemplar para que cuando algún hijo de puta se le cruce por la cabeza violar a una piba entre seis al menos lo piense dos veces. Nada de esto pasó.

Hoy justifican lo “conseguido” casi culpándola. Ella no quiere saber más nada, claramente, ninguna quiere saber algo de lo que es un punto de inflexión en su vida. Ella quiere justicia, que después de tanta mierda desparramada durante los primeros meses posteriores al hecho, estos hijos de puta reconozcan públicamente –como lo hicieron al aceptar un acuerdo para un juicio abreviado- que fueron ellos, que ellos abusaron, que ella no mintió.

“El que calla, otorga” y eso pasó con la Justicia, que se encargó de guardar silencio sobre la causa aunque desde adentro todo se filtraba. Todo se filtraba y cada uno hacía su interpretación, y nosotras también. Nosotras las que queremos que las pibas sanen también tenemos nuestra interpretación sobre los hechos si no se informa, si no se aclara, si se muestra algo, pero se esconde el resto. Si se deja ver que seis violadores reciben los cuidados de la Seguridad y a las pibas por poco las cagan a palazos por gritar, por pintar una pared, por ponerle nombre y apellido al hijo de puta.

Quizás ella había empezado a sanar. Quizás lo hizo aún a pesar de la angustia y el dolor que le sigue provocando aquella noche de primavera de 2012. Empezó a soltar cuando nosotras agarramos esta papa caliente que quema a todos en Chubut. A la Justicia, a parte del poder político, a parte del poder económico.

Y en medio de tanto pedido de justicia un #DesahogoSexual que en teoría está bien utilizado para la terminología jurídica penal pero que es un término viejo, arcaico, que aún se utiliza cuando una Ley Micaela apenas asoma en los distintos estamentos para que los ojos allí adentro vean con anteojos violeta, con perspectiva de género.
Y al #DesahogoSexual se sumó un acuerdo al que no pudo decir que no. Era eso o volver a revivir lo que se acuerda que pasó, a sentarse frente a seis o tres hijos de puta a contarle a un juez que le dieron de tomar, que le dieron “algo más” y que entre seis se hicieron una fiesta sexual en una de las habitaciones de aquella casa de playa en la que ella no estaba invitada, estaba obligada entre cuatro paredes sin poder de reacción, sin poder moverse, sin poder pedir auxilio.

¿Y quiénes somos nosotros/nosotras para exigirle a ella que se siente en una sala a contar, revivir y pasar nuevamente por aquella situación? Claramente nadie somos.

Ella aceptó para soltar y sanar. Nosotras indignadas queremos prender fuego todo, queremos que paguen como corresponde, en una cárcel pero ¿Quién de nosotras puede pararse delante de ella y decirle no lo hagas, no aceptes, andá por todo? Si el cuerpo, el alma, el corazón y la mente son de ella, de ella que intentó terminar con su vida, de ella que tuvo que encontrar otro lugar para vivir porque su lugar se había convertido en un calvario de dimes y diretes.
“Ella está de acuerdo con el acuerdo” ella quiere sanar definitivamente, ella se conforma con ver que reconocen lo hecho, ella no quiere más… ella es ella y nosotras, en definitiva, estamos con ella.

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