El amor sana: Estaba de vacaciones, colaboró el 21 de enero de 1994 con los bomberos de Madryn y volvió para abrazar a quienes considera hermanos de la vida
21 - enero - 2024
En las últimas horas se lo vio por distintos espacios de Puerto Madryn a Pedro Lambertini, reconocidísimo pastelero de Argentina con participación en distintos programas y canales de TV de gastronomía. En varias oportunidades ha visitado nuestra ciudad en el marco de acciones gastronómicas, festivales, etc. pero esta vez fue especial, acompañó a su pareja para regresar 30 años después a un lugar que le cambió la vida para siempre, a abrazar a sus hermanos de la vida, a recordar no sin emocionarse constantemente de lo vivido cuando el 21 de enero de 1994 cuando colaboró en el trabajo que llevaban a cabo los bomberos voluntarios de la ciudad y la regional en la Tragedia de Puerto Madryn donde 25 bomberos perdieron su vida.
Se trata de la historia de Federico Schenone quien en resumen contaba así lo sucedido: “En enero de 1994, tenía veinte años y estaba viajando con mi amigo Jerónimo Cortés por la Patagonia. El día 21, al llegar a Puerto Madryn, vimos humo y un fuego intenso en el campo. Preocupados, decidimos ofrecernos como voluntarios en el cuartel de bomberos para ayudar a controlarlo. A las pocas horas nos enteramos de que se había perdido comunicación con un grupo, entre los que estaban los cadetes (de entre 11 y 18 años de edad). Participamos de los intentos de rescate, pero no fue posible y los 25 bomberos murieron aquella tarde. Fui testigo del esfuerzo y riesgo que se hizo por salvarlos. Con los demás bomberos quedamos “hermanados” por la situación vivida. A ellos y a la ciudad, los llevo en mi corazón y es lo más valioso que hice en mi vida. Estoy orgulloso de que a mis veinte años haya tomado la decisión correcta.”
Pedro con toda su trayectoria como profesional de la pastelería acompaña a Federico y no oculta su orgullo, claro está, el amor sana, cura y acompaña en momentos donde todo parece oscuro.

Compartimos la historia completa de Federico Schenone
En enero de 1994, tenía 20 años y estaba viajando de mochilero con Jerónimo Cortes. Fue un viaje soñado por la Patagonia. El 21 de enero al estar llegando a Puerto Madryn, Chubut, vimos grandes columnas de humo y un fuego intenso en el campo. Preocupados por la naturaleza decidimos ir como voluntarios al cuartel de Asociación Bomberos Voluntarios Puerto Madryn para ayudar a controlarlo. Al llegar a eso de las 18hs, conversamos con varios de los bomberos quienes aceptaron que participáramos. Tomamos algunos mates, comimos facturas con ellos y nos llegaron las noticias de que no había contacto con otro grupo entre los que estaban “los cadetes”. Se inició la búsqueda para rescatarlos. Todos los bomberos con quienes estuvimos conversando se subieron a una camioneta de los bomberos, sentados en la caja, pala en mano. A Jero y a mí, nos asignaron otra tarea, que era ir en un camión de la municipalidad por la ruta y ver si veíamos al equipo con el que no se tenía contacto. En un momento la camioneta que iba con los bomberos delante de nosotros salió de la ruta y se metió en un camino de un campo, en dirección al fuego. Para mí fue una imagen de guerra, y ellos los combatientes que se dirigían al corazón del conflicto. Dos horas después en la ruta no teníamos novedades del equipo perdido originalmente, pero nos enteramos que también se había perdido contacto con el equipo de la camioneta. La sensación fue horrible, temiendo que algo les hubiera pasado a esos bomberos con los que compartimos unos mates horas atrás. El camión y nosotros tuvimos una nueva misión: encontrar y rescatar a los de la camioneta. Se sumaron a nosotros bomberos de Madryn y localidades vecinas. Pasamos a la caja del camión y cruzamos en algunas ocasiones líneas muy cercanas al fuego. Finalmente encontramos a los de la camioneta sanos y salvos, aunque esa camioneta se había prendido fuego y perdido los equipos de comunicaciones. Esa noche participamos también de algunas patrullas para encontrar a los cadetes, sin resultado. Ya de madrugada nos mandaron a dormir al cuartel. Temprano, antes de las 6am nos levantaron de nuevo, y llevaron al campo para continuar con las patrullas de búsqueda. En la cabina del camión iban 3 bomberos y Jero y yo en la caja (medio helados), buscando aun divisar a un grupo de aproximadamente 20 personas (en ese momento no teníamos el numero exacto). En un momento nos hacen descender del camión, y comenzamos a rastrillar el campo. Fui el primero en encontrar pisadas. Luego encontré un sombrero de fibra de vidrio totalmente quemado. Jerónimo encontró minutos después dos palas de bomberos. Y en ese instante el bombero a cargo, nos dijo que nos preparemos para lo peor, porque cuando un bombero tira su pala, es que tiene que huir a toda velocidad. Y así fue que encontramos los cuerpos de los bomberos (muchos cadetes). Íbamos avanzando señalado los lugares a una avioneta que comenzó a sobrevolarnos. Así con los 25 cuerpos. El cadete de menor edad tenía 11 años. El más grande creo que 25. Tuve miedo de estar ahí. Mucho más miedo que en las patrullas nocturnas. La imagen de desolación total, como en una guerra, era algo para lo cual definitivamente no estaba preparado, aunque fuera oficial de reserva del Ejército. Así que siempre pensé en que mi amigo Jero era muchísimo más valiente porque él no tenía siquiera esa formación militar, y también estaba ahí. Luego comienza otra historia, no menos terrible. Llegar al cuartel, los padres, la ciudad de Madryn que estaba allí sufriendo. Recuerdo mucho calor. Con Jero decidimos ayudar, y empezamos a servir vasitos plásticos con agua a los familiares. Nos habían pedido no decirles nada de lo que habíamos visto, porque tenía que ser comunicado a cada familia. Cuando las madres o padres nos preguntaban, mentíamos, diciendo no saber nada. No puedo olvidar esas caras de dolor. En un momento nos sentamos y una enfermera vino a tomarnos la presión. Ambos estábamos mal, sin dormir casi y en shock. Nos mandó a dormir y yo creo que no eran más de las 18. En las camas del cuartel nos acostamos sobre una manta puesta sobre los elásticos, porque los colchones habían sido retirados para los padres que se iban desmayando a medida que les daban las noticias. Nos despertamos a las 3 o 4 am más o menos. Alguien se ofreció llevarnos al velatorio, que era en un gimnasio municipal. Allí estaban los 25 ataúdes. A los bomberos les prohibieron ir de uniforme, porque se decía que había padres que querían matarlos, e incluso que uno habría portado un cuchillo. En el velatorio, charlamos con la madre de una joven bombero a la que no le permitió ir, no recuerdo si por estar enferma o sexto sentido, y que por eso se había salvado. Al enterarse que éramos los “mochileros”, nos dijo que por radio estaban diciendo que nosotros también estábamos “desaparecidos” y que nos daban por muertos. Apenas salió el sol, corrimos a llamar a nuestras casas y hablar con nuestras madres para decirles que estábamos “muy lejos de todos los sucesos, y que nos habíamos acercado al velatorio a ´servir café´”. Muchos medios de prensa dijeron barbaridades. Incluso recuerdo una nota de Pagina 12 diciendo que los bomberos de Madryn habían usado a los cadetes como “carne de cañón”. Esos medios nunca supieron o se interesaron en saber, que el desastre había sido porque el oficial a cargo, un joven de 23 años, era además el instructor de los cadetes y quiso llevarlos a una demostración sencilla. Tampoco se interesaron en saber el rol social que cumplía el cuartel de Bomberos, donde los cadetes iban a ese espacio de contención para no estar en las calles, bajo el en ese entonces incipiente peligro de las drogas. Recibían educación, se interesaban por la comunidad, y estaban con personas excelentes. Sin duda fue un error terrible que en ese momento no había sido calculado, pero jamás hubo mala intención. Fuimos a un programa de radio a decir la verdad, que todos los bomberos habían estado ahí, buscando, combatiendo el fuego, y que para mi ellos también eran héroes. En el entierro se vivieron momentos terribles, dolorosos y que en algún momento podré aportar algún dato que espero calme un poco el dolor de algunos familiares. La última parte de nuestra historia con Puerto Madryn y sus bomberos comenzaron inmediatamente después del entierro y fue el hecho de que permanecimos en el Cuartel por más de una semana. Al segundo día el cuartel brindó una conferencia de prensa. Luego de la misma, se decidió cerrar el portón con la orden expresa de que habría una reunión y un momento intimo para los bomberos. Respetuosamente con Jerónimo comenzamos a salir (junto a familiares, prensa y ciudadanía que se agolpaba en el cuartel), cuando un grupo de bomberos nos dijo expresamente que nosotros teníamos que entrar y estar con ellos. Se lloró. Se hicieron recuerdos por los caídos. Se cantaron canciones de bomberos “Bombero quiero ser” que incluso la cantó una bombero muy joven que había perdido a su novio con quien se tenía que casar un mes después. Impresionante. Algunos días después, ya más recuperados, nos hicieron una ceremonia donde nos nombraron “bomberos honorarios de Puerto Madryn” y nos dieron las gorras firmadas. Cada día una familia de las víctimas o de los bomberos nos invitaba a comer a sus casas. Conocimos gente con dolor y tratamos de ayudar a sanar. Y ellos nos sanaban a nosotros. Fueron experiencias únicas de las que siempre quedamos marcados. Les escribimos una carta que les leímos la última noche. No tengo esa carta, pero si fue súper emotiva porque terminamos todos llorando. Alguien la mandó a una radio, y una locutora la leyó para toda la ciudad. Con Jero teníamos que volvernos a Buenos Aires, porque teníamos exámenes en la universidad. Luego de varias dilaciones porque no nos dejaban ir, llenos de afecto, tuvimos que regresar. La despedida fue más emotiva: nos llevaron a la estación de buses en una autobomba sonando. Ufff… imposible no tener una lagrima en los ojos al recordar eso. Hoy pienso que si hubiéramos llegado 3 o 4 hs antes quizás podríamos estar entre las víctimas, y me siento especialmente responsable por haber convencido a Jero a ir a algo así. Siempre seguí mas o menos el devenir del caso. Nuevos bomberos se habían sumado al cuartel. Juicios. Monumento a los caídos. Pasaron 24 años, y en el marco del festival gastronómico “Madryn al Plato” en el que iba el chef Pedro Lambertini, decidí volver y ver que me pasaba. Vi un grupo de bomberos al lado de la paella y decidí dar el paso y presentarme, contándoles brevemente mi historia. Ellos con afecto me invitaron a ir al cuartel, y luego de recorrerlo un rato, me encontré con el Chino. Me dijo que no se acordaba de mí. Le di mi gorra, y viendo las firmas me dice “pero esta es mi firma”: “CHINO 94, AMIGOS POR SIEMPRE. B.V.P.M.” y se sonrió. Charlamos un rato y recordamos cosas. Luego llegó Aguerito, quien me reconoció inmediatamente. Ya tenía que volverme porque tenía el vuelo de regreso a casa. Tendré que visitar de nuevo a Madryn pronto y charlar por más tiempo con ellos.

Una carta, una despedida, un amor eterno
La carta que le enviamos a los bomberos junto a Jeronimo, la noche antes de irnos estaba en poder de Gaby “Chino” Gutierrez quien me la envió escaneada. Por el tiempo que pasó está muy difícil de leer. Voy a tratar de transcribir algunos párrafos.
Puerto Madryn 26 de enero de 1994 Al Cuerpo de Bomberos Voluntarios: Un viejo dicho reza que ´amigo es aquel que no solo ríe mi risa sino que también llora mis lágrimas´. Hace tan solo cinco días, Dios Nuestro Señor, permitió que nuestras vidas se entrecruzaran. Bastó ese tiempo para que juntos viviésemos experiencias únicas e irrepetibles. Cada uno de nosotros vivió el dolor de modo distinto y personal. Recuerdos y vivencias (…no se lee en la copia) invaden sus mentes y corazones y también los nuestros. Es un honor haber conocido un grupo humano tan excepcional, por su calidez, por su hombría de bien y amor al prójimo. Ustedes que eligieron este modo de vida, decidieron no ser personas comunes: tal vez no sean mejores ni peores que otros, tan solo son distintos. Sin duda es una vida de sacrificio, de entrega permanente a una sociedad que quizás no siempre los comprende, pero que sin duda los quiere y respeta. Prueba de ello han sido los numerosos gestos de solidaridad que este cuartel ha recibido. Todo lo demás, las mentiras de los que NO SABEN NI ESTUVIERON tan solo son palabras que el viento hará desaparecer. Lo que realmente queda son los actos de valor, de heroísmo y espíritu de lucha del Bombero Voluntario, como lo han demostrado aquí en treinta y tres años de historia (lucha). A partir de ahora, cada vez que suene el “fierro” seguro que todos, absolutamente todos, dejarán lo que estén haciendo y rápidamente irán a combatir el fuego. Por la dignidad del Cuerpo. Con perseverancia y decisión enfrentarán su destino para satisfacer su vocación de servicio. Permanezcan unidos y continúen realizando dos de las cosas más hermosas e importantes que Nuestro Señor permitió que los hombres hiciéramos: la Amistad y el Sacrificio supremo de consagrar la vida al prójimo. Aunque no vestimos su uniforme, les agradecemos el habernos permitido sentirnos parte de este Cuerpo al que ya llevamos dentro. Por eso nuestra alegría fue mucha cuando nos dieron la gorra de los Bomberos Voluntarios, ya que con ese símbolo, sentimos que ustedes también nos aceptaban dentro suyo. Caras y nombres ya nos son familiares… Si hasta nos abrieron las puertas de sus hogares! Nosotros, para ustedes seremos “Los Mochileros”. Ustedes, serán nuestros Héroes. Amigos por siempre!!! Jerónimo Federico Cortes – Eduardo Federico Schenone Madueño