Investigadores del CONICET buscan métodos para experimentar con invertebrados marinos sin causarles dolor

25 - marzo - 2019

 Buena parte de las investigaciones en biología están centradas en comprender los principios de la vida para poder preservarla. Para alcanzar ese inmenso objetivo, tienen la necesidad de realizar experiencias con diferentes organismos, que en algunas ocasiones implica someterlos a sufrimiento o incluso su muerte. Para Augusto Crespi, investigador adjunto del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET), matar para preservar la vida resulta a priori una contradicción: “Dentro de la comunidad científica está aceptado que una forma de comprender la vida es que se sacrifiquen individuos, y aquí, inevitablemente, surge una pregunta crucial con un fuerte componente ético: ¿qué individuos vamos a considerar como sacrificables y cuáles no?

Una científica introduce el bisturí en el animal. La estrella de mar comienza a retorcerse. Con la fuerza que le queda, se aferra con sus brazos al objeto que intenta diseccionarla en nombre de la ciencia. “Para estudiar a las estrellas de mar durante la elaboración de mi tesis doctoral, la bibliografía estipulaba que había que pasarles electricidad hasta que liberen un brazo o cortarlo  con el bisturí. Si bien la experimentación formaba parte del trabajo cotidiano, lastimar al animal me hacía sentir mal. No quería dañarlos de esta forma”, explica Tamara Rubilar, investigadora adjunta del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET).

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