Chubut se prepara para sumar una nueva temporada de avistaje de ballenas
2 - septiembre - 2026
El investigador Mariano Coscarella, del CCT CONICET-CENPAT, reveló nuevos datos del seguimiento satelital de ballenas sei en el Golfo San Jorge. Uno de los ejemplares completó por primera vez todo el recorrido hasta aguas del sur de Brasil y ya regresó a Chubut. El objetivo es habilitar formalmente los avistajes de esta especie durante la próxima temporada.
Chubut podría sumar próximamente un nuevo atractivo a su ya reconocida oferta de turismo de naturaleza. Mientras Puerto Madryn y Península Valdés concentran durante buena parte del año la presencia de la ballena franca austral, investigadores del CCT CONICET-CENPAT avanzan en el estudio de una importante población de ballenas sei que se alimenta en el Golfo San Jorge y cuyo comportamiento abre la posibilidad de desarrollar una nueva temporada de avistajes en el sur provincial.
Mariano Coscarella, referente del Observatorio de Mamíferos Marinos, explicó que durante 2026 se colocaron tres rastreadores satelitales y uno de ellos continúa transmitiendo después de más de 90 días.
El resultado permitió obtener algo que los investigadores buscaban desde que comenzaron los estudios: seguir por primera vez una migración completa.
El ejemplar, al que denominaron “Frodo”, salió del Golfo San Jorge, llegó hasta aguas oceánicas frente al sur de Brasil y emprendió posteriormente el regreso. Al momento de la entrevista se encontraba nuevamente frente a las costas de Chubut y Santa Cruz, a la altura de Caleta Olivia.
Del Golfo San Jorge a Brasil y nuevamente a la Patagonia
Cuando las investigaciones comenzaron alrededor de 2019, los científicos sabían que estos animales aparecían frente a Rada Tilly y Comodoro Rivadavia y que utilizaban el sector para alimentarse. Sin embargo, una gran incógnita permanecía abierta: ¿adónde iban cuando abandonaban el golfo?
Las campañas de marcación satelital comenzaron en 2024 con apoyo de National Geographic y Pristine Seas. Aquellos primeros dispositivos tuvieron una duración limitada, pero permitieron conocer mejor los desplazamientos dentro del golfo.
En 2025, por primera vez, un animal fue seguido hasta aguas ubicadas frente a Brasil, aproximadamente entre las latitudes de Curitiba y Río de Janeiro y a unos 500 kilómetros mar adentro.
Este año la información dio un nuevo salto: dos ejemplares llegaron transmitiendo hasta esa misma región y uno consiguió completar todo el recorrido de ida y vuelta.
Los investigadores consideran que esas aguas oceánicas podrían constituir una zona de reproducción de la especie, aunque los estudios todavía continúan.
Una población que puede superar los 2.500 ejemplares
Otro de los datos que dimensiona la importancia del fenómeno es la cantidad de animales presentes en el Golfo San Jorge.
Las últimas estimaciones de abundancia disponibles corresponden a 2021. En noviembre, cuando comienza la llegada de ejemplares, se estimaron alrededor de 800 ballenas, mientras que durante mayo, en el pico de la temporada, la cifra podría superar las 2.500 y acercarse a las 2.700.
Coscarella comparó esos números con los relevamientos de ballena franca en Península Valdés: durante 2025, señalado como un año récord, se contabilizaron 2.110 ejemplares.
“Estamos hablando de poblaciones similares en cuanto a tamaño”, explicó, aunque aclaró que el área de distribución de la ballena sei es más extensa.
El regreso a una antigua zona de alimentación
La presencia de tantos ejemplares cerca de la costa resulta particularmente llamativa porque la ballena sei es una especie predominantemente oceánica y todavía existe relativamente poca información científica sobre su comportamiento.
¿Por qué entonces aparecen en semejante cantidad en el Golfo San Jorge?
La respuesta parece estar en el alimento.
Coscarella explicó que se trata de una zona altamente productiva y que existen registros históricos que muestran que estos mismos animales ya utilizaban el área durante las décadas de 1920 y 1930, cuando fueron intensamente cazados.
Los registros de aquella época indican incluso que se alimentaban de los mismos crustáceos que consumen actualmente.
Tras las grandes cacerías, la población prácticamente desapareció de la región. Lo que los científicos estarían observando ahora es el regreso de las ballenas sei a sus antiguas áreas de alimentación.
“Chubut tiene ballenas todo el año”
La recuperación de esta población abre además una oportunidad turística inédita.
Coscarella explicó que cuando las ballenas francas comienzan a llegar a Península Valdés, las sei se encuentran en su migración hacia Brasil. Cuando las sei regresan al Golfo San Jorge para alimentarse, las francas comienzan a abandonar la zona de Madryn y Península Valdés.
“Siempre lo decimos medio jocosamente, pero la provincia del Chubut tiene para ofrecer ballenas todo el año”, señaló.
Desde 2021 se vienen realizando estudios de impacto para desarrollar avistajes bajo estándares internacionales y garantizar que la actividad sea sostenible.
La expectativa, adelantó el investigador, es que durante la próxima temporada puedan habilitarse formalmente los avistajes de ballena sei en el Golfo San Jorge.
Un avistaje diferente al de Puerto Madryn
La experiencia sería muy distinta de la que ofrecen las ballenas francas en Península Valdés.
Las sei son más estilizadas y veloces, poseen aleta dorsal y presentan pliegues en la garganta que se expanden notablemente cuando se alimentan y capturan grandes cantidades de agua.
Tampoco suelen levantar la cola ni realizar los grandes saltos y despliegues aéreos característicos de otras especies.
Pero tienen otra particularidad extraordinaria: su abundancia y proximidad a la costa del Golfo San Jorge.
Coscarella señaló que en otros lugares del mundo donde existen ballenas sei, como Noruega o Azores, encontrarlas durante una salida no está garantizado. En esta zona de Chubut, en cambio, es posible navegar apenas unos minutos y encontrarse incluso con grupos numerosos.
“Salís y a los 15 minutos podés estar avistando, a lo mejor, un grupo de 20 ballenas. Es algo que no existe en otro lado”, destacó.
Los nuevos datos científicos permiten así reconstruir una historia que durante décadas permaneció prácticamente desconocida: una población de grandes ballenas que vuelve cada año a alimentarse frente a las costas chubutenses, migra miles de kilómetros hacia aguas brasileñas y regresa al sur. Un fenómeno que ahora, además de su enorme valor para la investigación y conservación, podría incorporar una nueva región al mapa del turismo de naturaleza de Chubut.
Foto: Maxi Jonas