Ballenas muertas en Península Valdés: la ciencia busca respuestas y pide no alimentar rumores
15 - octubre - 2026
La aparición de ballenas muertas en las costas de Puerto Madryn y Península Valdés generó preocupación entre los vecinos y una intensa circulación de imágenes, mensajes y posibles explicaciones en las redes sociales. Sin embargo, detrás de cada hallazgo existe un trabajo científico que requiere tiempo, análisis y la participación de especialistas de diferentes disciplinas.
Así lo explicó la doctora Marcela Uhart, quien lidera el Programa de Monitoreo Sanitario de Ballena Franca Austral, durante una entrevista concedida a LU17 Radio Golfo Nuevo.
La especialista confirmó que se está investigando un episodio de mortalidad inusual, aunque aclaró que eso no significa que se conozcan sus causas ni que exista una situación inédita.
“Estamos monitoreando la mortalidad de ballenas desde el año 2003. Son 23 años de registros”, señaló Uhart, al explicar que esa información permite comparar lo que ocurre actualmente con temporadas anteriores.
Según detalló, durante agosto y septiembre se observó una mortalidad de ballenatos superior a la habitual, mientras que en los últimos días también aparecieron algunos ejemplares juveniles y adultos. Episodios con características similares ya habían sido registrados en 2022 y 2024.
La ciencia necesita tiempo para encontrar respuestas
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la necesidad de comprender que una investigación científica no puede ofrecer conclusiones inmediatas, especialmente cuando involucra animales del tamaño de las ballenas.
Uhart explicó que cada intervención requiere un importante esfuerzo humano y logístico para obtener muestras, conservarlas y trasladarlas a laboratorios especializados.
Actualmente, los investigadores trabajan sobre dos líneas principales de estudio.
En el caso de los ballenatos, una de las hipótesis más fuertes está vinculada con la bacteria Erysipelothrix, cuya presencia se investiga en relación con determinadas lesiones observadas en los animales.
Pero la especialista fue especialmente cuidadosa al explicar que encontrar una bacteria no significa, automáticamente, que haya provocado la muerte.
“La sola presencia de la bacteria no indica que la muerte se produce por eso”, aclaró.
En los ejemplares adultos y juveniles, en tanto, se investiga una posible relación con las floraciones algales nocivas, conocidas como marea roja, debido a antecedentes registrados en la región.
Para avanzar en esta hipótesis, los científicos analizan tanto el alimento que consumen las ballenas como las muestras obtenidas de los animales, con la colaboración de especialistas de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, el INIDEP y el CONICET.
Por el momento, se trata de hipótesis en estudio y no de causas confirmadas.
“Cuidado con la mala información y la desinformación”
La doctora Uhart también se refirió a los mensajes que circularon en redes sociales y grupos de WhatsApp, algunos de los cuales advertían sobre supuestos peligros en el agua de las playas de Puerto Madryn.
Frente a esas versiones, fue contundente:
“Que se cuiden de la mala información y la desinformación. No está bueno para nadie generar teorías conspirativas ni desinformar”.
La investigadora explicó que la bacteria estudiada en los ballenatos está presente naturalmente en el ambiente marino y que, hasta el momento, no existen indicios que permitan afirmar que el agua del Golfo Nuevo presenta un riesgo sanitario generalizado asociado con estos hallazgos.
Tampoco se han observado problemas similares en otras especies marinas que habitan habitualmente el golfo.
Por eso, recomendó recurrir a los organismos competentes y a los equipos especializados antes de compartir mensajes alarmantes.
“Nos hacemos un desfavor enorme lanzando información falsa sin sustento científico”, sostuvo.
La especialista recordó, además, que existen programas de monitoreo de la calidad del agua y mecanismos de prevención sanitaria, como las vedas por marea roja, que deben respetarse cuando son establecidos por las autoridades.
Un trabajo conjunto para comprender qué está pasando
La investigación no depende de una sola persona ni de un único laboratorio. Veterinarios, biólogos, especialistas en fitoplancton, oceanógrafos y otros investigadores aportan conocimientos para comprender un fenómeno complejo.
Uhart destacó que todavía es necesario analizar múltiples variables, incluidas las condiciones ambientales y oceanográficas que podrían influir en estos episodios.
También aclaró que no hay indicios actuales de una relación directa entre las muertes y algún factor humano específico, aunque las posibles influencias ambientales requieren estudios más amplios.
En cuanto a la cantidad de ejemplares fallecidos, explicó que el balance definitivo se conocerá una vez finalizada la temporada, cuando pueda relacionarse el número de muertes con la cantidad de nacimientos registrados.
Ese dato permitirá calcular una tasa de mortalidad y comprender con mayor precisión la magnitud del episodio.
Informarse, acompañar y esperar los resultados
Las imágenes de ballenas muertas generan tristeza y preocupación en una comunidad que mantiene un vínculo muy especial con estos animales. Pero esa preocupación también necesita estar acompañada por información responsable.
La entrevista realizada por LU17 permitió conocer que los equipos científicos están trabajando, que existen antecedentes para orientar las investigaciones y que todavía no hay resultados suficientes para establecer una causa definitiva.
La ciencia no siempre tiene respuestas inmediatas. Necesita reunir evidencias, contrastar hipótesis y analizar los resultados antes de comunicar conclusiones.
Mientras ese trabajo continúa, el mensaje para la comunidad es claro: evitar las especulaciones, no compartir advertencias sin respaldo y mantenerse informada a través de los organismos oficiales y los especialistas.
Porque cuidar a las ballenas también implica respetar el trabajo de quienes las estudian. Y, en momentos de incertidumbre, la información científica es mucho más valiosa que cualquier rumor.


Fotos: Programa de Monitoreo Sanitario Ballena Franca Austral